¿No han sentido a veces el imposible deseo de borrar y destruir todo su ser para luego reconstruirlo?
En realidad, sería tan genial poder hacer eso. Algo así como armar una pequeña torre y cuando vemos que está inestable en algún punto, desarmarla y volverla a edificar.
Digamos que en un intento desesperado por lograr ese objetivo, nuestra mente esconde los recuerdos o los ubica en un punto tan lejano de nuestra memoria, que parecen haberse sucedido hace siglos o, incluso, no ser más que ficciones borrosas.
Grandioso el poder de la mente. Nos crea ilusiones, como si fuera una casa de espejos, para engañarnos y hacernos caminar en círculos, sin poder acceder a ese terreno vetado del cual quiere mantenernos alejados.
A veces, esto es bueno.
